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sábado, 21 de abril de 2012

Maravillosa ROMA


 El viaje en tren a 280 km. por hora es placentero, aunque el paisaje lluvioso nos sigue hasta Roma. Nos sigue para quedarse un buen tiempo. Llegamos y el panorama era desfavorable. Las calles alrededor de Roma Termini se parecen bastante a las de Bs . As. Constitución. Qué bajón arrastrar esta valijita por las calles lluviosas, más bajón que cargar esta mochila que, no quiero ser reiterativa, pero la prendería fuego. Caminamos unas cuadras y el panorama fue peor, ya que el supuesto “Bed and Breakfast” que reservamos por internet no aparecía. En esa dirección había un pequeño edificio, viejo y horrible, con un cartel que decía “Guests house” en uno de los pisos, y nada más. Por suerte la puerta estaba abierta, y comenzamos a subir pisos por la horrenda escalera. Entro al supuesto Guests House, donde me atiende un negro diciendo que, el que yo buscaba estaba en la planta baja. Nos  hace el favor de llamar al dueño por teléfono, y nos enteramos  que no estaba, que deberíamos ir a las 2 de la tarde, al horario del supuesto “check in”. Me pateo la cara de traste, pero por lo menos dejamos el equipaje en el sucucho de este negro, con total desconfianza, y nos fuimos a conocer el Coliseo Romano, el Palatino y los Foros romanos.
La lluvia no nos deja en paz, pero es tan increíble estar ahí!! Haber visto estos lugares en los libros de la escuela, y ahora estar caminando por ahí adentro, qué privilegiados nos sentimos… Si habitualmente es difícil sacar una buena foto en un lugar como este, la tarea se complica aún más, ya que a la misma cantidad de gente, hay que sumarle el mismo volumen en paraguas. Los Foros romanos, aún con lluvia, son impresionantes. Esas columnas y arcos gigantescos, esas esculturas perfectamente talladas 500 años AC, esas mega construcciones que quién sabe (bah, por lo menos nosotros no lo sabemos) cuánto  tardaron en hacerlas, impactan a la vista. La lluvia empeora, tengo hambre, estamos mojados y se acerca la hora de volver al “hostel”.
Nos recibe Paolo, a quien no saludo muy cordialmente, menos aún cuando abre la puerta de nuestra habitación y todavía estaba la gente que debería haberse ido 4 hs antes, pero no se fue porque “no había nadie..” Missunderstanding, me dice. Malentendido??? Llegar a un “bed and breakfast” y que sea una casa con 4 habitaciones  y dos baños, sin recepcionista y sin cartel en la puerta (porque “no está permitido”) es un malentendido en Roma. En Argentina se llamaba “el cuento del tío” hace unos años, ahora no sé. Una vez que nos saquemos la ropa mojada, me sentiré menos enojada.
Caminar por Roma es increíble. Uno ve un hueco en una esquina, se asoma, y descubre un espacio lleno de ruinas, columnas y estructuras hechas por los antiguos romanos, así nomás, en el medio de la calle y a la vista de todo el mundo. Uno sigue caminando, y a la vuelta de la esquina se topa con la Fontana di Trevi, enorme, hermosa, y llena de moneditas que tira la gente. Pedimos nuestro deseo y seguimos caminando hacia el Panteón, otra mole magestuosa, con una arquitectura perfecta, y al alcance de todo quien pase por la puerta. Pasamos por el Campo di Fiori, millones de Iglesias como hasta ahora, Piazza di Spagna, Piazza di Poppolo, y cada lugar que aparecía señalado en el mapita.
Dedicamos minutitos a la buena comida, por supuesto. Roma es muy caro, y la oferta para sentarse a comer es vasta. Desde sus pizzas y sus pastas, hasta su tiramisú, que obviamente probamos. También nos dimos una vueltita por San Crispino, la heladería más famosa de Roma, y gracias al consejo de nuestros amigos Marco y Jessica, nos tomamos un riquísimo heladito. También aprovechamos para caminar por su centro comercial, lleno de negocios de las grandes marcar: Louis Vuiton, Prada, Ferrari, Benetton… Las italianas portan unas carteritas que mamma mía. Uno las reconoce por la calle porque siempre están maquilladas, peinadas y arregladas, y Dami las reconocía en particular por sus polleritas con medias largas.
También por las calles te persigues estos sujetos, los inmigrantes de la India, que a toda hora están vendiendo cosas, desde souvenirs de todo tipo (son siempre los mismos made in China), hasta paraguas cuando llueve, y al minuto, lentes de sol cuando deja de llover. No sé dónde guardan su stock, pero lo tienen siempre listo. De noche continúa la venta, y frente al Coliseo ofrecen trípodes para sacar lindas fotos con la cámara, y juegos luminosos. Otra de las curiosidades de Italia, es que la gente entra a los negocios con sus perros. Está bien, la gente suele tener perros normales, tendiendo a pequeños, no como la nuestra, y nos llama la atención que no hay perros de la calle sin dueño, como en Buenos Aires.
Otro de los días es nuestra visita al Vaticano, así que arrancamos yendo en subte. Un quilombo, como en casa o peor. La masa de gente desorganizada, se empuja y se aprieta para entrar a los vagones. No bien señalizado como en España, los carteles pegados en las paredes nos guían en un laberinto donde es imposible perderse, ya que hay sólo una dirección. Dos líneas de subte recorren Roma, imposible equivocarse.
Para entrar al Vaticano se aplican las mismas medidas de seguridad que para el aeropuerto. Harta de pasar por la banda magnética y mostrar las mochilas en cada lugar del mundo, dejamos nuestras pertenencias en el guardaequipaje y hacemos la visita: primero por el museo, donde se exiben esculturas Romanas de cientos de años Antes de Cristo, cuadros de autores famosos, y retratos de reyes. Lleno de  japoneses, acá y en todos lados, que recorren las ciudades y los museos en comitivas de 20 o más personas, todos hacia el mismo lugar, y con pésimos modales y preocupación por el otro. Por una foto son capaces de todo, y a esta altura del partido, trato de evitar los lugares comunes.
La capilla Sixtina, el momento que uno espera durante todo el recorrido. Por supuesto que está prohibido sacar fotos, y piden silencio constantemente dentro del lugar, pero a la gente no le importa ninguna de las dos cosas. La primera impresión es rara. Desde el desconocimiento, yo me imaginaba un lugar más grande, con forma de iglesia, catedral o algo…pero es un lugar de relativamente pequeñas dimensiones, cuadrado. Resulta que le encargaron su decoración a Miguel Ángel, un flaco de 33 años que no tenía mucha experiencia en este tipo de pinturas. Le dijeron “pintá lo que quieras, es para una capilla” “Bueno, dale”, y arrancó. Es fundamental tener una audioguía o hacer una visita guiada, para aprovechar la visita e interpretar los frescos, y ahí es cuando uno se maravilla. Groso este Miguel, tenía clarísima la Biblia y todos los personajes y hechos litúrgicos. Es imperdible, como difícil de transmitir la experiencia. Estar ahí viendo “La Creación”…qué flash…
Y después de esa sacudida a los sentidos, visitamos la Catedral de San Pedro, situada en el extremos de una plaza gigantesca, donde hay una fuente y un obelisco traído desde Egipto hace miles de años. Que cómo lo trajeron? No sé. Comimos unos sanguchitos del super (muy buenos) y nos pusimos en la cola para pasar, obviamente, por la puerta esa magnética que ya me tiene podrida.
La Catedral es gigantesca. Altísima. Lujosa. Y dicen que debajo del altar principal está la tumba de San Pedro. También subimos a la cúpula y luego de más de 500 escalones y sin aliento, accedemos a la vista más privilegiada de Roma. Sencillamente hermoso.
Ya nos vamos despidiendo de esta hermosa ciudad, y yo sigo sin saber cómo pedir un café. El expreso es mini mini, viene en un vasito de 2 ml. más o menos y super concentrado, es un shock de cafeína. El capuccino zafa, pero no es como el de casa. Y el último desayuno mi abstinencia era tal que le pedí un coffee with milk y me hizo un café con leche!!! Aleluya!
De noche, y para despedirnos, nos fuimos a comer unas pastas a una trattoría en Trastevere…un barrio divino, con callecitas empedradas y muchos bares y restaurantes.
Ultimo día, un estrés. Tomar un micro al aeropuerto es como tomar un micro en Retiro. Hacés la cola dos horas, y cuando viene uno, todos los que estaban atrás corren para todos lados, la gente pierde los micros porque no avisan, o no escuchan el llamado, y la verdad que los tanos tienen muy poca tolerancia para el reclamo en ventanilla. Por fin llegamos al aeropuerto, donde vamos a pasar toda la tarde. Que nos para un policía para pedirnos documentos, que no se puede hacer el check in, que nadie me informa cómo hacer el trámite del tax free (“Rid de sains madam!!” me gritaba un oficial de aduana…me reservo los comentarios).
Por fin abordamos el avión de British. Arrivederci Italia!!! Londres nos espera!

domingo, 15 de abril de 2012

Un día de paseo por FLORENCIA

Muy tempranito, después de casi 2 hs de viaje en un tren a 200 km. por hora siamo arrivati a Firenze (Florencia). Por suerte es una ciudad muy pequeña, como para recorrerla en un solo día, sin entrar a los museos, porque eso nos llevaría mucho más tiempo. El bagaje cultural de Florencia es impresionante: Tenían a Dante Alighieri (el que escribió La Divina Comedia), está El David (esa escultura de 5 metros que retrata al detalle la anatomía de un flaco musculoso) y miles de cosas más, que si me dan un ratito abro un libro y se las comento…
Suerte que el hotel está cerca de la estación, porque esa valijita con rueditas está llena de libros que ya los quiero prender fuego. Nos recibe amablemente Nadia, la recepcionista, bien  tana, quien nos da la bienvenida: “oh argentinos! Muchos argentinos vinieron!, per ché??”…No sep. No da hablar de política a las 8 de la mañana, en italiano. Nos da un mapa, nos indica un perfecto recorrido de la ciudad, y nos recomienda como todo el mundo, ver el atardecer en un punto panorámico de la ciudad donde todo se ve perfecto. Una vez más, revoleamos el equipaje y salimos.
Caminamos dos cuadras más y estamos en el Duomo, una catedral majestuosa, imponente, del 1500 más o menos. Al lado el Campanilli y el Baptisterio, con similar arquitectura. Hicimos la cola para entrar, detrás de uno de los miles de contingentes de orientales que abundan. Por Dios, son millones! Y todos van de vacaciones a los lugares donde estamos nosotros. Nadia nos había advertido que por dentro, el Duomo, no valía la pena, que le pusieron todo afuera, y era verdad, adentro es bastante pedorro. Seguimos caminando y por supuesto, tuvimos que pasar por uno de los tantos mercados, y para nuestra sorpresa, parece que Florencia se caracteriza por la fabricación de artículos de cuero. Vieran ustedes señoras las carteras que venden por todos lados!! Esos colores, esos diseños! Yo, que no soy compradora compulsiva, casi no puedo resistirme a la tentación, pero de repente recuerdo lo que pesa mi mochila, y que ya no queda espacio,  vuelvo a mi eje  y vamos a comprar fruta para el almuerzo. Fruta, por fin algo de fibra que contacta mi intestino! Después de tantos días de comer hidratos, la fruta es un cuerpo extraño en mi organismo. En el mercado también venden un montón de especias y aceites saborizados. Además pastas de todo tipo y color. Me quiero comprar todo, hoy no sé qué me pasa. Pero Dami sigue apurado, así que agilizo el paso para que Florencia quepa todo en un día.
Esta ciudad es hermosísima! Pero todavía no entiendo por qué la gente y los autos van por el mismo lado. Hay calles donde no hay veredas, no sé por dónde caminar, y al resto de los turistas parece no importarles eso, total caminan mirando para arriba disfrutando de la arquitectura y los colores. Los automovilistas ni te pisan ni te putean. Al igual que en el resto de los lugares, manejan sus Smart, que parecen kartings pero son carísimos. Son tan chiquitos y cuadrados, que si no los pueden estacionar, los meten de trompa. Qué feliz sería con uno de esos para hacer los domicilios de Osde!!
Este lugar está lleno de Iglesias, siguiendo con la línea de hacer más iglesias que personas. Pero además, está repleto de galerías, de esculturas y de plazas. Aclaración para el lector rioplatense: Plaza es un espacio, como serían nuestras plazas, pero sin pasto ni árboles. Si tiene pasto y árboles, es un parque. Estas plazas son de cemento (o similar), tienen fuentes,  o banquitos para sentarse, y esculturas. Y también tienen de esas personas que hacen de cuenta que son esculturas, pero no te confundís, porque las esculturas de verdad no te piden plata.
Mientras caminamos, Damián, que sabe mucho de historia, me habla y me cuenta sobre los romanos, los Medicee, Galileo, Miguel Ángel, y todos esos tipos a los que debería haberles prestado atención cuando estudiaba. Ah eso! Hay un  montonazo de tours con niños y adolescentes de otros países de Europa, que pareciera que vienen a estudiar. Los odio profundamente porque están en todas partes y son insoportables, y los envidio sanamente, aunque creo que de alguna manera ni se imaginan lo privilegiados que son por poder estudiar historia, y ver los lugares sobre los cuales están estudiando. Como decía, mientras Dami me refresca la memoria, yo voy mirando de reojo esas heladerías tremendas que hay en Italia, el mejor lugar del mundo para comer helado. Y por supuesto, las trattorías, donde esta noche comeremos alguna pasta.
También tuvimos que pasar por la casa de Dante Alighieri, de camino al famosísimo Ponte Vecchio, donde todos se agolpan para sacarse fotos. Parece una pavada, pero acá, sacarse una foto sin gente alrededor, es todo un arte. Hay que esperar el momento exacto de distracción, de que no se meta algún japonés adelante, de que no pase un bondi por delante del palacio o lo que sea que se estuviera fotografiando. Sacar una buena foto es toda una hazaña, no vayan a creerse que es andar disparando la cámara por ahí. Confieso que en la mochila, hasta llevo un trípode plegable que es parte del kit del viajante.
Decía que el Ponte Vecchio es pintoresco. Pero no solamente por fuera, sino que cuando uno lo cruza, ve que allí están todas las joyerías, y en consecuencia, los policías. Hay dos tipos de policías acá, los carabinieri, que tienen un uniforme muy lindo (y a un par le eché el ojo), que tienen poder de policía pero me parece que son….como los gendarmes ahora, que también andan por la calle, se entiende? Y bueno, también están los policías comunes, que tienen un uniforme con un casquito horrible, y hay muchas mujeres.
Después de cruzar el Ponte Vecchio y sacarnos unas fotos de enamorados tortolitos que verán publicadas (y que Dami las odia) empezamos a subir al punto panorámico para ver el atardecer. Sería todo perfecto si  no fuera por dos detalles. Uno: como siempre, llegamos temprano a todos lados. Mi planteo era que si queríamos ver el atardecer, por qué estábamos subiendo a las 4 de la tarde. Sin respuesta adecuada para publicar en este blog. Dos: estaba muy pero muy nublado, por ende, no sólo que no veríamos el atardecer, sino que nos estábamos muriendo de frío. Contemplamos la vista, que es emocionante e indescriptible, y como siempre en estos casos, empiezo  a hacerme preguntas innecesarias: por qué no me dedico a otra cosa? Por qué no dejo la medicina y me conecto con el turismo, la naturaleza, el gozo y el disfrute? Por qué no habremos conseguido más agua caliente para el mate que esta se terminó rápido? Listo, volvemos a la realidad (que en mi caso es bastante paradisíaca por estos días) y ya que no veremos el atardecer, seguimos paseando otro rato antes de cenar.
Bajamos del punto panorámico y yo ya estoy rengueando por culpa de esta ampolla que tengo hace varios días. Otro mercado con puestitos! Con lo que los odia Damián! A mí me encantan, pero todos tienen los mismos souvenirs: imanes para la heladera, figuras made in china, remeras con la bandera del país, o del equipo de fútbol local (en este caso, la fiorentina, que es lindo porque es violeta, y tiene una flor de lis, mi favorita!).El desafío es conseguir el más barato, aunque uno no lo quiera comprar. Y en ese mercado, hay una estatua de bronce de un chancho, al que hay que tocarle la trompa para tener buena suerte. Imagínense la cantidad de gente que hay para tocarlo, por eso yo seguiré acarreando mi mufa, a menos que la suerte de Dami que lo tocó se me contagie. En otra calle, también hay negocios de ropa muy cara, de marcas muy reconocidas, como en toda Italia.
Bueno, hora de cenar. Basta con esta farsa de comer fruta. Nos sentamos en un restaurante de esos que tienen un menú barato y por fin comemos comida! Una copita de vino para descansar mejor. Mañana el despertador suena a las 6 porque el tren a ROMA nos espera!

sábado, 14 de abril de 2012

Qué emoción! Llegamos a UDINE!


Llueve, diluvia y caen soretes de punta el día que elegimos para ir a Udine.  Pero estamos emocionados y ansiosos por conocer el lugar donde nació Dino (mi suegro, y papá de Dami), asi que nos abrigamos (suerte que compramos esos polar en Decathlon!! Y suerte que Tere nos hizo traer un paraguas), desayunamos bien temprano en el hotel chino (por fin alguien del hotel que habla en inglés y nos carga el termo para el mate!) y salimos tempranito para la estación de tren.  Nos separan 127 km. y el tren está cómodo y calentito, pero no da para dormir y despertarse quién sabe dónde.
Llegamos a Udine. Sigue lloviendo, pero nada comparado a lo que lloverá después. Atravesamos la Porta Aquileia (que es como un portal de entrada).  Es una emoción tremenda, sobre todo porque es más lindo de lo que esperábamos. Tranquilo, lindo, ordenado. Casas y casitas que conservan, en su mayoría un estilo. Más urbanizado de lo que imaginamos, circulan alfa romeos y audis como si nada. El olorcito a café de la media mañana me está matando, pero no puedo dejar de sacar fotos, y tengo que seguirle el ritmo a Damián, que está potenciado por la ansiedad de llegar a Tiberio Deciani  71. Pasamos por la puerta del museo del Duomo, caminamos por  la Piazza della Libertá y sacamos miles de fotos a la torre del Reloj y la Loggia del Lionello. Al lado hay un Castillo y por supuesto, otra iglesia (bueno, hay millones). Hablando de iglesias, allí vamos, a las iglesias donde Dino se bautizó y tomó la comunión.
Listo, basta de dar vueltas, vamos a Tiberio Deciani 71 y veamos qué hay, porque esta lluvia nos está pudriendo.
Ufa, qué decepción,  hay unos departamentos. Hubiera sido genial encontrar una casita con un cartelito que diga “acá vivía Dino Peloso”, o algo así. Pero bueno, era esperable que en una casa de más de 70 años no estuviera  más.
Lo que sí está, y tiene un cartelito de “lugar histórico”, es la Trattoría Al Frati, un restaurante donde  cocinaba la tía de Dino, y es hermoso!! Así que decidimos probar la pasta italiana. “buongiorno, io parlo español, entiende español?”” No”, me dijo, “mangiare?” Listo, nos entendemos. El menú estaba imposible de leer, pero la camarera nos sugirió un primo y secundo (se entiende que son dos platos no?) que decidimos compartir. Unas pastas con espinaca y no sé qué, que estaban buenísimas. Y el segundo plato una carnecita bastante cruda, condimentada a la perfección, que a Dami le encantó y yo me comí las papas. El tiramisú estaba tentador, pero fuimos por el cafecito, y lo de cafecito es literal, porque lo sirven en un pocillito de 1 ml. bien concentrado.
Con la panza llena y mucha fiaca volvimos a sumergirnos en la lluvia para pasar por la biblioteca y rodear el castillo, que tiene una vista preciosa de la ciudad. Si no estuvieran esas nubes, sería perfecto.
En el camino, hacemos una parada para comprar unos regalitos. Estamos contentos, y se lo contamos a todos los vendedores que parecen alegrarse por nosotros. La que no entendió nada fue la china que nos atendió en el negocio donde compramos una valija para agrandar el equipaje, ella me hablaba en chino, yo en español, y gratzie de acá y de allá, nos vendió lo que quisimos.
 Y en algún momento tenía que pasar, con tantas diagonales nos desorientamos y casi volvemos caminando hasta Venecia en busca del Templo Osario. Listo! Lo encontramos, nos merecemos un capuccino para secarnos un poco y emprender la vuelta en tren, desde donde estoy escribiendo estas líneas mientras Dami mira por los vidrios empañados, con una sonrisa que ojalá le dure para siempre…
PD: subimos muchas fotos para que las pueda ver Dino, pero vale hacer zapping.

Arrivati a VENECIA

Después de un vuelo tranquilo, arrivamos al aeropuerto de Venecia y nos dirigimos a tomar el colectivo local a nuestro hotel. Para mi sorpresa, Dami sabía qué colectivo tomar, todo su recorrido, y hasta dónde teníamos que bajar, cosa que en Buenos Aires jamás ocurre. Llegamos al Hotel Viena en busca de introducirnos en la cultura italiana, pero vamos a tener que esperar unos días, ya que es un hotel Chino, lleno de Chinos. Por cierto, estamos bastante asombrados de la cantidad de chinos e indios que viven y trabajan por lo menos en Venecia (todavía no conocemos otros lugares de Italia). Del hotel rescato la calefacción, el agua caliente y la cercanía con la estación de trenes. A propósito de la estación, debo decir que fue casi nuestro primer contacto con la sociedad, y la impresión fue de caos y desorganización: Nos sentimos como en casa!!! Acostumbrados al orden y la pulcritud de las estaciones de España, ésta es todo lo contrario. Trenes no tan nuevos (pero mucho mejores que los nuestros eh!), mugre, gente corriendo y anuncios en los parlantes que casi no se escuchan (al margen que están obviamente sólo en italiano). Pero a medida que pasan los minutos, ya aprendemos a leer las carteleras, validar los boletos, y viajamos perfectamente hacia donde queremos. Los trenes son puntuales, ahí sí que nos diferenciamos bastante. A una estación de distancia está Venecia, y es increíble estar allí!! Ya nos fuimos y todavía no creo que caminamos por esas callecitas, y entramos a la Iglesia de San Marcos. El ambiente es especial, y se camina un montón, un poco por placer, otro poco porque no hay muchas formas de llegar a otro lado, y otro poco porque es imposible no perderse en sus callecitas estrechas y diagonales. En algunos lugares nos sorprende los años que tienen las casas, y el estado en el que están. La gente vive ahí, no sabemos cómo ni por qué. En otros lugares, donde el sol calienta un poco más, y se tiene una vista más privilegiada, coincidimos en que Venecia es pintoresco. Caro, carísimo, pero pintoresco. Es llamativa la cantidad de negocios de ropa de marcas caras y famosas. Y en casi todas las callecitas abundan los puestos de regalos, el olorcito a café de las cafeterías (con las vidrieras llenas de cosas riquísimas para comer, pero que no voy a probar), heladerías a montones (ahí hicimos una pequeñísima escala, y el chocolate es lo más!!!), y pizzerías. Muy a nuestro pesar, sólo nos alimentamos con productos farináceos: piadinni ( que son como unos sanguchitos con pan de pizza) Genoveses (que son ooootros sanguchitos con pan de pizza) Involtini (que son unos rollitos con pan de pizza…) Y así todos los sucedáneos de la pizza. Están buenísimos, pero a esta altura del partido, mi ecosistema necesita alguna fibra. Veremos qué nos ofrece mañana Firenze (Florencia). Basta de hablar de comida, cosa difícil en Italia porque morfan de lo lindo: antipasti, primi, secundi; y cuando se pide una pizza, la pizza se la come uno solo, acá no se comparte. Dato útil para el viajero amigo: acá hay que probar el Spritz, un aperitivo que no sé qué tiene pero está buenísimo. La principal atracción es la Piazza San Marco, gigante, rodeada de la Iglesia San Marco, el Campanille (una torre altísima con una vista privilegiada de Venecia, a la que se accede por la módica suma…) y el Procuratie Nove, lugar diseñado en el 1500, donde vivió Napoleón años más tarde. La Iglesia es impresionante, lástima que no se puede entrar con cámara de fotos. Dorada del piso hasta el techo. Espectacular y enceguecedora. No entramos al Palacio de Ducalle, lo dejamos para la próxima. Pero dimos una vueltita en vaporetto, un poco apretaditos con la gente que va a trabajar y los miles de turistas que visitan Venecia todos los días. La Iglesia Santa María della Sallute también es gigante, y se ve de todas partes. Y hay miles de iglesias y parroquias más, hay más que habitantes diría yo. Los gondolieri. Una raza difícil de categorizar, medio ladri, medio laburadores. Un paseíto en góndola de 40 minutos cuesta 100 euros. Ahora, si uno también quiere que le canten, es otro precio, que se arregla antes de la vueltita. Propina no incluída. A esta altura del viaje ya odio el despertador, y mi mochila, si bien no compramos nada en este destino, pesa más que antes (o está mal acomodada, no sé). Yo también peso más que antes , mejor le aflojo a los hidratos. Ya subimos al tren, nos vamos a Florencia!!
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